Aprender bailando

Ya casi es la hora de la clase de danza de las 11 de la mañana en la institución educativa Héctor Abad Gómez. La primera jornada está en su segundo descanso de clases y solo se escuchan los gritos de quienes van y vienen por los corredores mientras comen, ríen y se empujan unos a otros. De repente, un sonido rechinante se abre paso entre los gritos, es el timbre, la señal para regresar a los salones. Un grupo de 38 niños se queda para asistir a su clase semanal de danza y sale de la nada un hombre vestido de negro, de movimientos finos y cadenciosos, es el profe. Mientras los alumnos siguen como en descanso Willinton da las primeras instrucciones y todo queda en silencio. De forma armoniosa se organizan en filas y empiezan a imitar los movimientos de su instructor.

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Las clases de danza que se dan en las instituciones educativas Héctor Abad Gómez (sede principal y sede San Lorenzo) hacen parte de un proyecto que la Corporación, con el respaldo de la Fundación Coltabaco, quiere liderar dentro de estos centros educativos para generar, a través de la sensibilización por el arte, valores como: el respeto, la tolerancia, el compromiso y la responsabilidad. Pero además, los alumnos desarrollan otros beneficios, disciplina, puntualidad, coordinación motora, hábitos para una vida saludable, trabajo en equipo y concentración.

El proyecto incluye una hora de clase a la semana para cada grupo de quinto de primaria de la sede principal y los de pre-escolar jornada de la tarde, de la sede San Lorenzo. Nuestra idea es construir un gran proyecto de formación artística porque como Héctor Abad Gómez estamos convencidos de que “la vida sería mucho más hermosa si todos los padres de la tierra pudiéramos enseñarles a nuestros hijos cómo apreciar la belleza… Pero si los padres no pueden hacerlo, debería ser un objetivo del Estado, de la educación del Estado. Apreciar y admirar la belleza, gozar con la belleza, y mucho más: poder crear belleza, que es una de las grandes cosas con que cuentan algunos seres humanos”.

Cada clase tiene 3 momentos esenciales, nos explica Willinton Guzmán el que todos llaman profe y que también es docente de Ballet en el colegio Marymount, lo primero es “llevar a los niños a la calma, porque vienen de un ambiente que se rige por la imposición de la norma” y ante el que manifiestan un deseo constante de expresarse y desahogarse, después de observar estás características el inicio de cada clase se trabaja con relajación y respiración, para que los alumnos aprenden a conocer el silencio, se conozcan y se reconozcan a través de él. En el segundo momento están los ejercicios de estiramiento, que se realizan casi siempre en equipo o por parejas y donde cada uno se da cuenta de las fortalezas y debilidades físicas de su cuerpo. Al final, está la parte creativa y entonces aparece la danza moderna con varios géneros musicales para que los niños se expresen libremente, es una forma de ver sus movimientos y de descubrir su potencial. Durante esta parte de la clase se escuchan risas, algunos están muy concentrados, otros están descoordinados, pero todos parecen felices.

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