Este proyecto tuvo por objetivo formar en valores, habilidades y competencias para la vida a través de procesos de iniciación musical con flauta dulce dirigidos a niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad social.
Este proyecto se desarrolló en alianza con la Fundación Incolmotos Yamaha y la Institución Educativa Héctor Abad Gómez. Entre 2009 y 2020, hicieron parte del proceso 1.770 niños, niñas y adolescentes de la I. E. Héctor Abad Gómez; muchos de ellos continuaron su formación profesional en música.
Este proyecto se desarrolla en la Institución Educativa Héctor Abad Gómez, en el marco de Claro, mi tierra y la Escuela de Humanos, y tiene como propósito central integrar la educación musical al Proyecto Educativo Institucional (PEI), de manera que todos los estudiantes de la institución puedan acceder, al menos una vez al año, a clases de música como parte de su proceso formativo.
El programa logró articularse con las instituciones educativas a través de becas musicales, permitiendo que el aprendizaje de instrumentos como la flauta soprano y la percusión no sea un privilegio, sino un derecho educativo. Más allá de formar músicos profesionales, el proyecto busca formar personas sensibles, disciplinadas y respetuosas.
Alejandro Morales Fuentes, de 13 años, participante del programa, cuenta cómo la música se ha convertido en una forma de expresión, de aprovechar su tiempo libre y de sentirse mejor consigo mismo. En la escuela, la experiencia musical también le ha permitido conocer a otros niños y niñas con intereses similares, fortaleciendo los lazos comunitarios y el sentido de pertenencia.
Su familia, como muchas otras, respalda este camino, reconociendo en la música una oportunidad de crecimiento personal y colectivo.
El impacto que la Corporación Héctor Abad Gómez y la Fundación Yamaha esperan —y que ya se ha evidenciado a lo largo de una década de trabajo— está centrado en los efectos sociales de la música:
El fortalecimiento de valores como el respeto, la disciplina y la convivencia.
La apertura a actividades distintas a las que ofrece el entorno inmediato de muchos niños.
El desarrollo de una sensibilidad especial que les permita una mejor adaptación a la vida.
Porque, independientemente de que un niño llegue o no a ser músico, la música crea humanidad, amplía horizontes y deja una huella profunda en la forma de habitar el mundo.
Tocar un instrumento es también aprender a escuchar al otro, a cuidarlo y a cuidarse. Esa es la esencia de este proyecto y del legado que inspira la Corporación Héctor Abad Gómez.