De la crisis asistencial al desafío contemporáneo de la salud en Antioquia
En 1962, la revista Antioquia Médica publicó —como separata editada por la Editorial de la Universidad de Antioquia— un estudio que, con el tiempo, se convertiría en un referente para comprender la salud pública del departamento. Su autor, el Dr. Héctor Abad Gómez, analizó la situación sanitaria de Antioquia entre 1950 y 1960, y lo que encontró sigue siendo sorprendentemente vigente.
Más que un registro estadístico, el estudio es una radiografía crítica de la política pública de la época. Abad Gómez muestra cómo, pese a su fortaleza económica, Antioquia atravesaba una profunda crisis en salud. Dos indicadores fueron suficientes para evidenciarla:
1. Mortalidad infantil: En 1960 alcanzó cifras extremas, con tasas de hasta 101,69 por cada mil nacidos vivos, una señal clara de la debilidad de la infraestructura sanitaria y del impacto de las desigualdades territoriales.
2. Desnutrición: Con 51 muertes por cada cien mil habitantes asociadas a avitaminosis y estados carenciales, el problema trascendía lo médico y tocaba de lleno los determinantes sociales de la salud, como el acceso a los alimentos y las condiciones de vida.
Lo más revelador del análisis fue descubrir que la riqueza económica no garantizaba bienestar sanitario. La diferencia real la marcaba el modelo de atención:
Las zonas con enfoque preventivo-sanitario (como Medellín y su área de influencia) lograron reducir la mortalidad a niveles históricamente bajos.
El resto del departamento, en contraste, siguió un modelo médico-asistencial centrado en curar en lugar de prevenir, lo que llevó a un dramático aumento de la mortalidad general, que llegó a 18,2 por mil, una de las más altas del mundo en ese momento.
La conclusión de Abad Gómez fue contundente: una política que privilegia el asistencialismo y deja de lado la prevención está destinada al fracaso frente a las enfermedades de origen social.
Sesenta años después: ¿qué nos dice este estudio hoy?
Mirar hacia atrás permite dimensionar cuánto ha cambiado la salud en Antioquia. Los avances en vacunación, nutrición, agua potable, saneamiento y la consolidación del Sistema de Seguridad Social en Salud han transformado por completo el panorama.
La mortalidad infantil, que en 1960 superaba los 100 por mil, hoy se sitúa alrededor de 9,5 por mil (2023). La desnutrición, que era una verdadera epidemia, ha disminuido de forma dramática, aunque sigue presente en sectores vulnerables.
Sin embargo, los desafíos no han desaparecido. Solo han cambiado de rostro:
Envejecimiento poblacional: El aumento del Índice de Envejecimiento está trasladando el esfuerzo hacia las enfermedades crónicas no transmisibles, que requieren prevención continua y atención sostenida.
Brechas urbano-rurales persistentes: Como en los años 50, las zonas rurales siguen mostrando tasas de mortalidad más altas, asociadas a pobreza multidimensional y baja escolaridad.
Salud mental y violencia: Las agresiones, los homicidios y el suicidio han entrado en los primeros lugares de mortalidad en varios grupos de edad, demostrando la urgencia de integrar la salud mental y la prevención de la violencia en las políticas públicas.
Un estudio que sigue interpelando al presente
El trabajo de Héctor Abad Gómez continúa recordándonos que la salud pública no se define solo dentro de los hospitales, sino en la capacidad de una sociedad para organizar la prevención, cerrar las brechas territoriales y actuar sobre los determinantes sociales: nutrición, educación, vivienda, seguridad.
Publicar nuevamente este estudio —hoy, seis décadas después de su aparición original en Antioquia Médica— es una oportunidad para volver a mirar nuestras raíces, entender los avances logrados y reconocer los desafíos que aún persisten.
Porque, como lo demostró Abad Gómez, los indicadores de salud son, ante todo, indicadores de equidad.