El origen de una visión: La tesis de grado de Héctor Abad Gómez y su eco en la Antioquia de hoy

Héctor Abad Gómez (al centro) y Dr. Richard Saunders ( cuarto, de pie, de izquierda a derecha) junto a algunos hombres de una comunidad en Medellín observando un plano probablemente de acueductos, 1962.

En el marco de la preservación y difusión del legado de Héctor Abad Gómez (1921–1987), queremos destacar uno de los documentos seminales en la trayectoria del médico, salubrista y humanista antioqueño: su tesis de grado de 1947, titulada Algunas consideraciones sobre Salud Pública en el Departamento de Antioquia. Este trabajo no fue un simple requisito académico: fue el acta de nacimiento de una visión de la medicina y de la sociedad que hoy, más que nunca, sigue interrogando el presente de nuestra región.

La relación de Abad Gómez con la Universidad de Antioquia, su alma mater, fue tan fértil como conflictiva. A lo largo de cuatro décadas, transitó por tres dimensiones que definieron su vida intelectual y ética: la del sujeto de ciencia, la del maestro reformador y la del actor político. Su tesis de grado puede leerse como el punto de confluencia de esas tres vocaciones.

El rigor científico como punto de partida

Como sujeto de ciencia, el joven Abad Gómez adoptó la rigurosidad bacteriológica para pasar de una medicina de observación a una medicina de laboratorio, capaz de responder a los problemas concretos de la población. Entre 1945 y 1947 realizó 1.217 exámenes de gaseosas, leches y aguas, y 4.913 siembras bacteriológicas en el Laboratorio Departamental. Aquella investigación reveló un panorama preocupante: la deficiente higiene y sanidad en el suministro de alimentos y agua en Medellín y en el resto del departamento.

Lo notable no fue solo la calidad del estudio, sino su orientación social. Desde el inicio, Abad Gómez entendió que la ciencia debía estar al servicio de la justicia sanitaria y no del prestigio académico. Esa convicción lo llevó años más tarde a ocupar cargos clave en el Ministerio de Higiene y en la Organización Mundial de la Salud, donde impulsó políticas públicas decisivas como la creación del Año Rural Obligatorio y la primera jornada de vacunación masiva en Colombia. En todos esos espacios, la raíz de su pensamiento fue la misma que ya germinaba en su tesis de grado: la salud como un derecho y no como un privilegio.

El maestro reformador

En el plano académico, la tesis prefigura al maestro que se atrevería a cuestionar la estructura misma de la educación médica. Ya en 1946, como director del periódico estudiantil U-235, denunciaba el “sistemático desconocimiento de las realidades nacionales” y el desprecio hacia la cátedra de Higiene, reducida entonces a “higiene personal”. Para él, la medicina universitaria debía ser crítica, contextual y profundamente humanista. Su apuesta coincidió con los debates que marcaron el rumbo de la educación médica en el continente, especialmente a partir del Congreso Panamericano de Educación Médica de Lima (1951), que impulsó la formación de médicos capaces de atender tanto al individuo enfermo como al sano.

Ese ideario se materializó a su regreso del exterior, en 1956, cuando lideró la creación del Departamento de Medicina Preventiva en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, semilla de lo que hoy es la Facultad Nacional de Salud Pública. Allí tradujo en pedagogía su convicción más profunda: la medicina debía mirar la enfermedad como síntoma de la desigualdad.

La ciencia al servicio de la sociedad

La tesis de 1947 es, en esencia, un manifiesto de medicina social aplicada. Con los recursos científicos de su tiempo, Abad Gómez mostró que las epidemias bacterianas eran reflejo de una estructura social enferma. Su trabajo científico fue también una denuncia ética: la indiferencia ante la insalubridad urbana y rural era una forma de violencia. En ese sentido, su tránsito del laboratorio al aula, y del aula al debate público, no fue una ruptura sino una consecuencia lógica de su pensamiento.

Ese paso lo consolidó como un reformador que veía en la ciencia un instrumento de transformación política. De ahí su constante enfrentamiento con los sectores más conservadores de la academia, que lo acusaban de “mediatizar” la universidad. Para Abad Gómez, sin embargo, la neutralidad era imposible: “El médico que ignora las causas sociales de la enfermedad, contribuye a perpetuarla”, escribió años más tarde.

El eco de la tesis en la Antioquia contemporánea

Setenta y ocho años después, la tesis de grado de Héctor Abad Gómez sigue iluminando las zonas oscuras de la salud pública en Antioquia. Muchos de los problemas que diagnosticó persisten, aunque bajo formas nuevas y más complejas.

Vigilancia sanitaria y brecha social. Si bien la calidad del agua y los alimentos ha mejorado, la inequidad territorial mantiene su peso. En las subregiones rurales de Antioquia, el acceso a agua potable y saneamiento sigue siendo insuficiente. A esta problemática se suma una nueva amenaza: la contaminación de fuentes hídricas por mercurio y metales pesados producto de la extracción minera. Lo que en 1947 era una alerta sobre la higiene urbana, hoy es una advertencia sobre el impacto ambiental y la salud humana en el contexto del cambio climático. La tesis de Abad Gómez nos recuerda que la bacteriología y la vigilancia sanitaria son hoy también una forma de defensa del territorio.

La medicina más allá del hospital. Frente a los retos contemporáneos —salud mental, violencia intrafamiliar, enfermedades crónicas y desigualdades socioeconómicas—, su visión de una medicina socialmente comprometida mantiene plena vigencia. El llamado a mirar los determinantes sociales de la enfermedad resuena hoy en las políticas de atención primaria en salud y en los enfoques de salud comunitaria que buscan reducir las brechas entre lo urbano y lo rural.

La academia comprometida. El conflicto que vivió Abad Gómez con las estructuras universitarias es, en el fondo, una pregunta abierta: ¿hasta qué punto la universidad está dispuesta a comprometerse con los problemas reales de la sociedad? Su legado exige una academia que forme profesionales capaces de pensar críticamente y de actuar éticamente, que entiendan la ciencia como un bien público y la salud como un indicador de equidad democrática.

Un legado para el presente

Releer la tesis de 1947 no es un ejercicio de nostalgia, sino un acto de vigencia. En un contexto donde la salud pública enfrenta los desafíos del cambio climático, la degradación ambiental y la inequidad social, las ideas de Héctor Abad Gómez recobran su fuerza original. Su tesis fue, y sigue siendo, una defensa radical de la vida digna como núcleo de toda política pública.

Setenta y ocho años después, su mensaje permanece intacto: una sociedad sana solo es posible cuando la ciencia, la educación y la política trabajan juntas por la justicia social. En ese eco profundo, Héctor Abad Gómez continúa recordándonos que la salud —como la democracia— no se hereda: se construye cada día.

La Corporación para la Educación y la Salud Pública Héctor Abad Gómez es una organización social sin fines de lucro y de carácter privado, que pretende adelantar acciones y proyectos para beneficiar población de bajos recursos.